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10 de abril de 2013

El último cuplé: la representación del pecado (Juan de Orduña, 1957)

Hago un hueco hoy para rendir mi pequeño homenaje a Sara Montiel, que nos ha dejado repentinamente esta semana, pero no así su legado cinematográfico. Abriré mi espacio a su más importante film, El último cuplé, donde la trascendencia de su imagen y su vinculación con la transgresión y el pecado, ha dejado huella en su iconografía y, cómo no, en su indomable carácter.


A pesar del tiempo transcurrido y los importantes cambios sociales que, afortunadamente, ha vivido la sociedad española en los últimos cincuenta años, El último cuplé se sigue viendo con agrado si uno deja de lado su mensaje moralizante y conservador muy propio de su época. Hay que destacar el hecho de que, en su momento, fue más trasgresor de lo que hoy nos puede parecer y que rompió una tendencia al folklorismo que empezaba a pesar incluso entre el público español.

Me detendré pues en esos aspectos novedosos y a la vez fuertemente atados entre la madeja de lo convencional, para resaltar la importancia que tuvo esta película en la sociedad española de finales de los cincuenta. Un dato relevante: El último cuplé estuvo un año exhibiéndose en los cines y fue un éxito absoluto, del que hoy nos queda una imagen de Sara Montiel imposible de olvidar. Su aportación al imaginario popular nos acerca a la cupletista sensual y de un erotismo exuberante que lleva a los hombres a la perdición.


Pero ¿por qué alcanzó tanto éxito? ¿Qué traía de nuevo una película basada en canciones populares? Pues precisamente eso: la popularidad de su música y la representación del lirismo del cuplé y de formas musicales más tradicionales. Hasta ese momento, el cine español ofrecía básicamente películas folklóricas y muchos clichés. Juan de Orduña, con El último cuplé, vino a desligarse del andalucismo folclórico para acercarse al lirismo del cuplé. 
La película intenta poner en escena la propia representación del cuplé. Es decir: desde el principio deja claro que es representación, cine, y el melodrama que nos cuenta va ligado a la nostalgia y el sentimentalismo propio de este género musical. Sería algo así como narrar una película a ritmo de cuplé.

La historia de este film-canción nos acerca a una mujer, María, que a pesar de su lucha interna por comportarse como “debe”, acaba haciendo lo que “no debe”. Su deseo más profundo la empuja al éxito, a los escenarios, a ser alabada y elogiada por el público, lo que la lleva a dejar a su novio y convertirse en una cantante de renombre. El ascenso social conlleva un camino de trasgresión que la aleja de sus orígenes y de su integridad moral. Pero no es algo que ella no haya podido evitar: la puesta en escena del film nos subraya su culpabilidad, y por eso vemos a una Sara Montiel tan hermosa, tan sensual, y con unos trajes y un maquillaje tan sumamente ostentoso. Es decir: su personaje sabía lo que hacía. Belleza y perversión se dan de la mano y si, además, se trata de una mujer, estamos ante el pecado en sí mismo.


De esta forma, María camina hacia la inmoralidad a través del creciente éxito que adquiere dentro y fuera de nuestro país. Triunfa en América y cuando regresa es “otra”: más perversa y maligna, es decir, más guapa y atractiva. Y fumando (otra trasgresión más) recostada sobre un diván, para atraer la mirada de cualquier hombre y llevarlo a la perdición. Una manera sutil de poner en escena el erotismo inherente a la mujer deseada, con algún problemilla con la censura, pero nimio, en comparación con el legado que esta secuencia ha dejado en todos los españoles.

Otra forma llamativa de esquivar la censura y poner en escena el pecado la encontramos en el momento en que María atrae hacia ella a José, un joven torero que tiene novia y que acaba rendido a los pies de la cupletista. Se trata de la escena del patio andaluz, donde hay una cruz de mayo, testigo (religioso) del adulterio que estamos a punto de constatar. María y José se miran de forma insinuante y la cámara no deja ver más, salvo esa cruz a cuyos pies se produce una unión no tan mística como debería… Vemos pues otra forma de escenificar el pecado (la relación sexual ilícita) que la propia María ha propiciado (recordemos que ella es mujer, artista, deslumbrante por su belleza y, por tanto, manipuladora).


Traspasar tanto los límites no puede traer nada bueno, y el film, como cualquier cuplé, realiza una mirada nostálgica al pasado (de hecho, la película es un flasback) para recordarle a María (y, a la postre, a nosotros, que nos identificamos con su mirada) que cualquier tiempo anterior fue mejor y que nuestros anhelos de cambio nos perjudicarán seriamente. A pesar de los pecados cometidos, existe el perdón para María, que acaba llorando sobre el escenario en una escena de un lirismo exultante y emotivo que acaba con su muerte. Baja el telón y se acaba la representación.



Juan de Orduña construyó así un film que aúna las diferentes formas de tradición musical española, para plasmar su evolución y ser tan conservador como el resto de la filmografía de la época. Sin embargo, intenta traspasar el límite de la moralidad, de acercarse a temas tabú como el sexo, el adulterio, el ascenso social o la libertad de la mujer. Es evidente que lo hace de forma sutil y sin sonrojos. Pero para los censores de la época ver a Sara Montiel fumando tuvo que traerles de cabeza porque ¿como explicarse lo que se siente viéndola así sin llegar a mostrarse el pecado? Algo se imaginaban y algo de censura hubo, pero nada ha podido con ella que, aunque se haya ido, su imagen seguirá tan despierta y tan viva como aquella María. Su personaje la ha acompañado en vida y, a pesar de que en el film la vemos caer desfallecida, todos sabemos que su espíritu pervivirá en la “saritísima” y que la trasgresión que representa, sin ser consciente su director (o siéndolo, quién sabe), no ha podido aún ser destruida. Por siempre, Sara. 

8 de febrero de 2013

Los caballeros las prefieren rubias: la amistad como una joya preciosa (Getlemen prefer blondes, Howard Hawks, 1953)

De vez en cuando, vale la pena recuperar un clásico del cine norteamericano para darnos cuenta de cuánto lo echamos de menos. No quiero caer en la melancolía, pero es indudable que revisando películas como Los caballeros las prefieren rubias sentimos que algo de la magia antigua ha desaparecido y deseamos que hoy en día hubiera películas que nos alzaran del asiento con una sonrisa sincera, despierta y real.

11 de octubre de 2012

Fahrenheit 451: sin libros no hay pasado, sin pasado no hay vida (François Truffaut, 1967)



En un futuro no muy lejano, la sociedad vive aislada de los libros. Están prohibidos y el Estado persigue a aquellos que todavía leen y confisca libros que después quema ante la atenta mirada de los ciudadanos domesticados. Con este punto de partida, François Truffaut lleva a la pantalla la novela de Ray Bradbury sobre un mundo sin libros, y pone en escena los serios contrastes que se darían en una sociedad que no tuviera acceso al conocimiento y al pensamiento. ¿Resulta tan inquietante? ¿Podríamos vivir así?

19 de septiembre de 2012

Manhattan: nostalgia del amor verdadero (Woody Allen, 1979)


¿Puede una ciudad fascinarnos y, a la vez, alienarnos? Si le profesamos tanto amor a esa ciudad, ¿seremos capaces de ver sus defectos? ¿La veremos tan perfecta? Son algunas de las cuestiones que me he planteado tras disfrutar de Manhattan, un poema agridulce de Woody Allen a Nueva York, que deja posos melancólicos en nuestro interior y nos embriaga con sus imágenes. La maestría del director determina un trabajo redondo a nivel visual y de contenido, con un guión perfectamente hilvanado con la narración fílmica.

7 de septiembre de 2012

2001: una odisea del espacio. La vida se alimenta de un monolito (2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1968)


Si hay un film que ha marcado al género de la ciencia-ficción, ese es sin duda el que nos ocupa. Teniendo en cuenta el año de su producción y observando sus espléndidos efectos especiales (por los que ganó un Óscar), uno se pregunta qué pensarían los espectadores que la vieran en su estreno. No sólo es un torrente de imágenes espectaculares y absorbentes, sino que también te arrastra a profundas reflexiones sobre la vida, la muerte y lo que hay más allá de ellas. Pero ¿es posible comprenderla en su totalidad? Sería demasiado ambicioso pretender hacerlo, ya que quizá solo Kubrick pudiera darnos esa respuesta.
 

8 de agosto de 2012

Drácula y la vuelta al pasado: nuestro inconsciente reside en los Cárpatos


¿Qué tendrán los vampiros que tanta atracción provocan? ¿Qué habrá en Transilvania para que Jonathan Harker viaje atraído por un imán? La novela de Bram Stoker, posteriormente llevada al cine con numerosas reinterpretaciones, enfrenta a dos mundos entre los que hay, sin embargo, un vínculo. Nos referimos a la Inglaterra de la modernidad y los Cárpatos transilvanos, dos espacios muy distintos y, a la vez, unidos. Pero, ¿en qué se basa ese lazo? ¿Cómo lo vemos representado en el cine?

21 de junio de 2012

El tercer hombre: Viena y su amenaza sombría (The third man, Carol Reed, 1949)


Orson Welles aterrizó en Inglaterra para protagonizar una película que, sin él suponerlo, le traería una gran popularidad por su interpretación del inhumano traficante de penicilina adulterada en El tercer hombre. Harry Lime (el personaje en cuestión) es uno de esos malvados del cine que se recuerdan siempre y cuya aparición, ya bien avanzada la película, constituye una de las escenas más famosas de la historia del cine.

12 de junio de 2012

The Artist: el poder hipnótico de la imagen (Michel Hazanavicius, 2011)


Quien haya visto la última película ganadora del Óscar al mejor film, recordará el silencio apabullante que había en la sala de proyección. No es que no suela haber silencio, sino que éste se manifestaba real mientras veíamos a los personajes reír, llorar, bailar, discutir… pero sin hablar.

29 de mayo de 2012

Historias de Filadelfia: de diosa a mujer. Aspectos clave de la comedia romántica (The Philadelphia Story, George Cukor, 1940)


Este jueves 31 de mayo, Televisión Española emite en su ciclo de clásicos Historias de Filadelfia, película mítica en el género de las comedias románticas que merece la pena revisar de vez en cuando. 

Su importancia, a mi juicio, radica en ser un film elegante, sofisticado y representativo del star-system de la época, con unos actores deslumbrantes y con decorados, música y fotografía de estudio. Un film agradable de ver, de disfrutar y de embelesar al espectador a cada momento, y con unos diálogos con chispa, mordaces y sin respiro que te mantiene atento a cada secuencia.

15 de mayo de 2012

El graduado: la antítesis del joven californiano (The Graduate, Mike Nichols, 1967)


Al parecer, antes de decidirse por Dustin Hoffman para interpretar el papel de Benjamin Braddock, los guionistas de esta entretenida historia esperaban encontrarse con un joven alto, rubio, atlético y surfista. Obviamente, optar por Dustin Hoffman tuvo que provocarles un dilema, porque sus rasgos físicos distaban mucho de lo que se perseguía.

Sin embargo, al verlo actuar en el cásting, se disiparon las dudas, y la solución que encontraron para resolver el planteamiento inicial fue entender que Benjamin, en realidad, era un “fallo” de la naturaleza californiana.

8 de mayo de 2012

Toy Story: la conciliación entre lo tradicional y lo moderno. (John Lasseter, 1995)

Todos conocemos la importancia de Toy Story en el contexto de la producción cinematográfica: fue la primera película realizada íntegramente por ordenador y supuso un antes y un después en el cine de animación infantil.

Sin embargo, me gustaría detenerme en otro aspecto que, desde mi punto de vista, es de lo más enriquecedor de este entretenido filme: la conjugación en la propia narrativa de las formas tradicionales y las más avanzadas técnicas. Me refiero al diseño digital de juguetes tradicionales (fascinación de lo tradicional a partir de la fascinación por lo digital); a la irrupción del superhéroe tecnológico en un universo infantil de papel, de tela, de cartón, de plástico… Es uno de los grandes aciertos, a mi juicio, de Toy Story y merece la pena pararse a reflexionarlo. Veréis.

3 de mayo de 2012

La ventana indiscreta o cómo poner en escena la propia experiencia cinematográfica. (Rear Window, Alfred Hitckcock, 1954)


Bienvenidos a todos. Ésta será mi primera entrada y he querido utilizarla para explicar la razón de ser de este blog y de mis intenciones respecto a él. 

Elegir Rear Window como primer film al que me acerco no ha sido fortuito, obviamente, mas cuando su título me ha inspirado para abrir este blog. La ventana indiscreta (en su título original en inglés, La ventana de atrás) es un acercamiento a la experiencia cinematográfica en sí misma (lo dice el propio Hitchcock, como veremos más adelante) y a mí me provoca siempre un cúmulo de preguntas, de reflexiones, de momentos mágicos. Es precisamente en esa experiencia, la que se vive con este film y con tantos otros, y en ese divagar, en ese transitar a través de sus imágenes y sus pensamientos, donde personalmente, encuentro sentido a muchas de las cosas que me rodean.